“Si lo sientes, es porque estás creciendo."
Hace poco, una amiga —exitosa, brillante, admirada por muchos— me dijo bajito, casi como si confesara un delito luego de uno de nuestros talleres: "A veces siento que no sé qué estoy haciendo y que en cualquier momento alguien se va a dar cuenta...¿será que ya es muy tarde para hacer esto?"
La miré sorprendida.
No porque lo sintiera, sino porque sabía exactamente de qué me hablaba.
A mí también me ha pasado.
Muchas veces, justo cuando estoy a punto de dar un paso importante, esa voz interna aparece.
Y no me dice "estás tarde" o "estás fallando" —no.
Me susurra algo más sutil pero igual de paralizante:
"Mejor no lo hagas."
"No sigas."
"¿Para qué exponerte otra vez?"
Pero el trabajo de crecimiento personal me ha regalado algo invaluable:
La capacidad de hacer una pausa, de levantarme, de mirar a esa voz de frente y preguntarle — como enseña Byron Katie:
"¿Esto es verdad?"
Y muchas veces (por no decir que la mayoría de ellas) descubro que no.
Que esa voz no es real.
Es solo miedo disfrazado.
Y entonces le respondo:
"Gracias por intentar protegerme, pero yo tengo el control."
Pues si te ha pasado también, te cuento que tiene nombre y todo: Se llama el Síndrome del Impostor y según un estudio de KPMG (una de las "Big Four" compañías de auditoría y consultoría) realizado con mujeres líderes, encontró que el 75% de ellas había experimentado este síndrome en algún momento de su carrera.
Y lo interesante es que muchas lo sintieron justo después de un ascenso, un logro o una nueva oportunidad.
Es decir, cuando estaban creciendo.
Lo sentimos porque estamos ocupando espacios que antes no nos atrevíamos a habitar.
El síndrome del impostor no es una señal de que no puedes.
Es una señal de que estás saliendo de tu zona cómoda.
De que estás creciendo.
Y si quieres comprobarlo es sencillo:
Escribe en una hoja todas las veces que lograste algo aunque sentías que no estabas lista y luego subraya cada logro.
Míralos.
Esa es tu evidencia.
La prueba viva de que puedes avanzar incluso con miedo.
La duda no nos invalida.
Cada paso que das, incluso temblando, sigue contando como avance.
Y cuando esa voz vuelva a aparecer, no trates de pelearla.
Solo mírala y recuérdale:
"Yo tengo el control."
¿Te ha pasado sentir que no estabas lista y aun así avanzar?
Cuéntamelo en los comentarios y celebremos juntos.
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