CUÁNDO FUE LA ÚLTIMA VEZ QUE QUISISTE ALGO CON LA INTENSIDAD DE UN GOL
No con la intensidad de una meta. Con la intensidad de algo que importa tanto que duele no lograrlo.
Hay un momento en cada partido que es puro.
No hay estrategia.
No hay cálculo.
No hay espacio para el miedo.
Es cuando un jugador ve la oportunidad y se lanza. Es la intensidad. Es el deseo sin dilución.
LA DIFERENCIA ENTRE QUERER Y DESEAR
Hablamos mucho de metas. De objetivos. De planes. Son palabras que suenan importantes pero que han perdido la carga emocional.
"Quiero crecer el negocio." "Quiero estar en forma." Son palabras que dicimos. Pero no sentimos.
El deseo es diferente. Es la cosa que te saca del sueño a las 3 de la mañana. Que te duele en el pecho. Que no puedes no pensar en ella.
Un jugador que marca un gol no estaba "trabajando hacia una meta". Estaba viviendo un deseo.
CUÁNDO DEJAMOS DE DESEAR
En algún momento — probablemente cuando empezaron a decirte que tenías que ser "realista" — el deseo se convirtió en algo incómodo.
Porque el deseo es irracional. Es arriesgado. Es imposible de controlar. Así que lo cambiamos por metas. Las metas son más seguras.
Pero una meta sin deseo es solo una tarea. Y las tareas no te hacen sentir viva.
Piensa en ti mismo hace 10 años. ¿Qué querías entonces con esa intensidad?
¿Un viaje? ¿Empezar algo? ¿Ser diferente? ¿Qué pasó con eso?
La mayoría dice algo parecido a: "Lo quería, pero... tenía otras prioridades. Era el momento incorrecto. Otros necesitaban que yo hiciera otra cosa."
Traducción: en algún momento dijiste que no.
LOS GOLES QUE NUNCA MARCASTE
El mundo está lleno de personas viviendo vidas sensatas. Personas que hicieron las decisiones correctas. Que postergaron lo que querían "hasta después."
Después casi nunca llega de la forma que esperábamos.
Y uno se sienta, años después, viendo a otros vivir con la intensidad que uno decidió renunciar.
Lo bueno es que el deseo no expira. Se adormece. Pero no se va. Y el hecho de que estés aquí, leyendo esto, significa que alguna parte de ti está despierta.
Alguna parte de ti está sintiendo algo. Quizás no con la intensidad de hace años. Quizás con miedo. Pero algo está ahí.
LA PREGUNTA QUE CUENTA
¿Hay algo que deseabas de verdad, que dejaste en el camino, que todavía te importa? Si la respuesta es sí, tenemos un punto de partida.
No es un plan. No es una meta. Es el reconocimiento del deseo. Y el reconocimiento es lo que precede al cambio.