Antes de crecer, aprende a gobernarte

Hubo un momento muy específico en mi proceso de crecimiento donde algo cambió.

No fue cuando facturé más.
No fue cuando lancé un nuevo proyecto.
No fue cuando tuve más visibilidad.

Fue cuando hice Compass Catholic Ministries y tomé el curso COMPASS, un programa de finanzas personales desde perspectiva bíblica.

Y, curiosamente, en uno de los nueve capítulos no hablaba de dinero. Hablaba de dominio propio.

Recuerdo leerlo y pensar:
¿qué hace esto aquí?

Yo estaba ahí para aprender sobre finanzas.
Estrategia.
Administración.
Inversión.

No para hablar de carácter.

Creo que nunca antes lo había visto así (debo confesarlo).

Porque puedes aprender a generar dinero.
Pero si no sabes gobernarte… no lo sabes sostener.

Y eso fue incómodo.

Porque el dominio propio no se declara.

Se practica.

Durante mucho tiempo confundí dominio propio con represión.

Pensaba que era frialdad.
Rigidez.
Perfección casi inhumana.

Pero no es eso.

Dominio propio es capacidad de regular.

Regular una emoción antes de que se convierta en reacción.
Regular un impulso antes de que se convierta en decisión equivocada.
Regular una palabra antes de que se convierta en daño.

Y recuerdo que cuando vi los estudios que realizaban y salió el famoso experimento del “marshmallow test”, mostrando que los niños que podían esperar unos minutos antes de comerse un dulce tenían mejores resultados académicos y profesionales años después, me dije... pero si nosotros somos iguales... Es mas... algunos no aguantamos y vamos por el dulce. La gratificación diferida no es parte de lo que nos han enseñado.

No era inteligencia.

Era regulación.

¿Sabías que hay estudios posteriores que confirman que la disciplina y el autocontrol predicen éxito más que el coeficiente intelectual?

Eso me confrontó mucho como madre.

Porque enseñar dominio propio no es dar discursos.

Es modelarlo.

Nuestros hijos no escuchan tanto lo que decimos.
Absorben cómo reaccionamos.

Cuando en el curso financiero vemos que en ese libro sagrado, en Gálatas 5:22-23, el dominio propio aparece como fruto, no como meta ojo, sino como fruto, eso cambió todo.

El fruto no se improvisa.
No aparece por presión.
No se fabrica en momentos de crisis.

Se cultiva.

Me impactó entender que el dominio propio no es una técnica moderna de alto rendimiento.

Es una virtud antigua.

Y no aparece cuando quieres resultados.

Aparece cuando decides gobernarte.

A partir de ahí empecé a observarme distinto.

Empecé a notar mis impulsos.

Esa necesidad de responder de inmediato.
Esa ansiedad por cerrar algo rápido.
Ese deseo de reaccionar cuando algo me incomodaba.

Y comencé a practicar algo simple pero poderoso: pausar.

No siempre lo logro.
No siempre reacciono perfecto.
No siempre elijo lo más sabio.

Pero ahora sé cuándo estoy reaccionando en automático (sin dominio propio) en lugar de elegir con conciencia..

A partir de ese momento puedo jurarte que cambió todo.

Cambió cómo manejo el dinero.
Cambió cómo lidero.
Cambió cómo respondo en casa. ( al menos trato, - las madres con adolescentes pueden entender esto- pero sin duda respiro antes en muchas oportunidades)
Cambió cómo tomo decisiones bajo presión.

Porque entendí un principio que hoy repito mucho:

No puedes multiplicar lo que no sabes gobernar.

Sin dominio propio, el dinero amplifica desorden.
Sin dominio propio, el liderazgo amplifica ego.
Sin dominio propio, la expansión amplifica caos.

Queremos crecer.
Pero pocas veces nos preguntamos si estamos listos para sostener ese crecimiento.

Antes de pedir más oportunidades,
pregúntate si estás list@ para administrarlas.

Antes de querer más visibilidad,
pregúntate si sabes regular tu ego.

Antes de querer más dinero,
pregúntate si sabes administrarte.

Te dejo tres preguntas simples, pero poderosas:

1) ¿Dónde estoy reaccionando en vez de regular?
2) ¿Qué decisión estoy postergando por falta de disciplina?
3) ¿Qué resultado quiero sin estar dispuesto a gobernarme?

El crecimiento no empieza afuera.

Empieza adentro.

Y hoy lo tengo claro:

Antes de crecer, aprende a gobernarte.

Gobierno interno. Impacto externo.



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