Cuando cambia la rutina.
Hoy Valeria empezó décimo grado. Sophomore.
Y mientras la veía prepararse esta mañana, con esa mezcla de emoción y un poquito de ansiedad que trae comenzar algo nuevo, pensé: qué curioso… la que empieza clases es ella, pero la rutina nos cambia a todos.
A ella le cambia el horario, los profesores, las materias, las expectativas.
Y a mí también me cambia el día.
Esta mañana me levanté y fui al gimnasio, como hago normalmente. Pero mientras entrenaba ya estaba pensando en los nuevos horarios, en lo que toca mover, en cómo voy a organizar ciertas cosas de mi empresa, en qué va a pasar ahora con las mañanas.
Seguro sabes de qué hablo.
Hay momentos del año en los que uno siente que finalmente encontró el ritmo… y entonces cambia la temporada y hay que volver a acomodar las piezas.
Antes eso me frustraba más.
Sentía que si ya tenía mi rutina organizada, tenía que poder mantenerla.
Hoy pienso diferente.
No todo cambio de rutina significa que estás perdiendo el control. A veces simplemente significa que toca redistribuir.
Y esa palabra —redistribuir— me gusta mucho más que “balance”.
Porque, ¿qué significa realmente tener todo balanceado?
Yo no conozco una mamá empresaria que todos los días pueda darle exactamente la misma cantidad de tiempo a sus hijos, a su negocio, a su pareja, a su salud, a sus amigos y, de paso, a ella misma.
Mi vida por lo menos no funciona así.
Hay momentos en los que mi empresa necesita mucho de mí. Hay otros en los que Valeria me necesita más. Hay días de reuniones, otros de familia, otros en los que necesito pensar. Y esta mañana, por ejemplo, necesitaba ir al gimnasio.
Y no porque me sobrara el tiempo.
Porque forma parte de cómo quiero vivir mi tiempo.
Hace poco estaba leyendo una investigación de Harvard Business School sobre cómo los CEOs manejan sus agendas. Michael Porter y Nitin Nohria estudiaron a 27 líderes y reunieron alrededor de 60,000 horas de información sobre cómo utilizaban su tiempo.
Y algo me pareció muy simple, pero muy poderoso: para un líder, decidir dónde pone su tiempo no es un detalle. Es parte de dirigir.
Pensé: eso también aplica a nuestra vida.
Porque muchas veces tratamos el tiempo como si fuera algo que “nos pasa”.
“No me dio tiempo.”
“Esta semana fue una locura.”
“No pude llegar a todo.”
A mí también me pasa.
Pero cada vez intento hacerme otra pregunta:
¿Dónde decidí poner mi tiempo?
No “¿cómo hago para meter veinte cosas más?”
Sino: de todo lo que tengo enfrente, ¿qué importa en esta etapa?
Y hay otra investigación que me gustó todavía más porque estudió específicamente a dueños de pequeños negocios. Encontraron que sentir cierto control sobre el propio tiempo y tener espacios reales de recuperación estaba relacionado con mayor bienestar y menos burnout. De hecho, entre las variables que analizaron, esa sensación de control sobre el tiempo tuvo una de las asociaciones más fuertes.
Y ahí volví a pensar en mi gimnasio esta mañana.
A veces creemos que para ser más efectivas tenemos que quitar primero lo nuestro.
Dejo de entrenar.
No veo a una amiga.
Como frente a la computadora.
Contesto ese correo mientras estoy con mi hija.
Y aparentemente “ganamos” tiempo.
Pero no estoy segura de que siempre ganemos algo.
Por eso, cuando mi rutina cambia, hay tres cosas que personalmente trato de mirar: qué es indispensable en mi negocio, qué necesita mi familia en este momento y qué necesito yo para sostener las dos cosas.
No siempre me sale perfecto.
Hay semanas en las que tengo que volver a mover todo.
Y está bien.
Quizás esa es precisamente la herramienta que quería compartirte hoy.
No te aferres tanto a tu rutina que termines peleándote con tu propia vida.
Revísala.
Muévela.
Quita algo.
Protege algo.
Decide qué merece realmente tu atención en esta nueva temporada.
Hoy Valeria empieza sophomore.
Ella tendrá que encontrar su nuevo ritmo.
Y yo, de alguna manera, también.
Tal vez tú también estés haciendo lo mismo esta semana.
Así que mientras nos tomamos ese café, te dejo la pregunta que yo misma me estoy haciendo:
Con la vida que tengo hoy —no con la que tenía hace un mes—, ¿cómo quiero usar mi tiempo?