La frase que mata tus sueños antes de intentarlo
Hay una frase que escucho todo el tiempo.
“Es que no tengo.”
No tengo dinero.
No tengo contactos.
No tengo ayuda.
No tengo tiempo.
No tengo suerte.
Y cada vez que la decimos, cerramos la puerta antes de tocar.
Porque “no tengo” no es una descripción.
Es una sentencia.
Y cuando algo se vuelve sentencia, ya no lo cuestionamos.
Pero aquí viene algo incómodo.
Muchas veces no es que no tienes.
Es que no estás dispuesto a moverte diferente.
Te pongo algo simple.
Alguien dice:
“Quiero mudarme, pero no tengo dinero.”
Fin de la conversación.
Pero casi nadie se pregunta:
¿Podría generar ingresos extra por seis meses?
¿Podría vender algo que no uso?
¿Podría reducir gastos estratégicamente?
¿Podría asociarme?
¿Podría crear algo?
No.
Preferimos la frase que nos deja tranquilos: “No tengo.”
Cuando yo compré mi casa no tenía el dinero completo.
No había una cuenta milagrosa esperándome.
Lo que sí tenía era una decisión.
Y cuando decidí, empecé a hacer cosas que antes ni consideraba.
Hice rifas de productos que todavía no había comprado.
Vendía los tickets primero ( los números afortunadamente no salieron asi que no tuve que comprar nada , jajajaj)
Con las ganancias cubría pagos especiales.
Comencé a vender cosas que no necesitaba.
No era elegante.
Era creativo.
Y eso cambió todo.
He visto personas llegar a este país sin nada.
Sin idioma.
Sin red.
Sin garantías.
Y no dijeron:
“No tengo.”
Dijeron:
“¿Cómo hago?”
Y eso cambia el cerebro.
Porque cuando preguntas “¿cómo hago?”, obligas a tu mente a buscar opciones.
Cuando dices “no tengo”, la apagas.
No estoy hablando de magia.
Estoy hablando de mentalidad.
Hay estudios sobre autoeficacia que muestran que las personas que creen que pueden influir en su resultado buscan más alternativas, perseveran más y terminan creando mejores oportunidades.
No porque tengan más recursos.
Porque no se detienen en la primera barrera.
Así que te dejo algo práctico.
La próxima vez que te escuches diciendo: “No tengo…” haz esto.
1️⃣ Cambia la frase por: “Hoy no tengo, ¿pero qué podría hacer para tener?”
2️⃣ Escríbete tres opciones, aunque parezcan pequeñas o incómodas.
3️⃣ Pregúntate con honestidad:
¿De verdad no puedo… o simplemente no quiero incomodarme?
Porque cuando algo es importante de verdad,
la pregunta deja de ser “¿tengo?”
Y se convierte en:
“¿Qué estoy dispuesto a hacer?”
Y ahí es donde empieza todo.