¡No me guardo el pastel… ni el vestido!
Recuerdo que en mi casa y en mi familia había algo que decían mucho: ¡Mira mija, no se ponga eso aunque esté nuevo... hay que guardar “el estreno” para una ocasión especial!
El “estreno” era ese vestido nuevo que te compraban, pero que no podías usar todavía.
Ese perfume que se quedaba intacto en el estante, "hasta el momento perfecto".
Esos platos que solo se sacaban cuando venía visita.
Cosas hermosas… esperando su turno.
Pero si les soy honesta, desde muy niña hubo algo en mí se rebelaba contra eso.
No de forma ruidosa… sino en silencio.
Porque yo pensaba:
¿Y por qué tengo que esperar para ponerme "mi estreno"? ... y si hoy es la ocasión especial?
¿Y si la vida no nos avisa?
¿Y si no hay un “momento perfecto” y todo lo que tenemos… es este instante?
Así fui creciendo y a medida que lo hacía mas era la certeza en mi alma de que “los estrenos” no son para quedarse guardados.
Son para usarlos.
Para sentirte viva, bonita, presente… ¡hoy!
Octubre es mi mes.
Es mi cumpleaños. (¡Y me encanta además celebrarlo!)
El mes donde nació mi hija.
El mes donde se cruzan recuerdos, promesas, gratitud, y una frase que no dejo de repetirle a Dios:
“Gracias por no soltarme nunca.”
Porque sí, este mes celebro.
Para mi es una fiesta desde que amanezco.
Y celebro todo: Celebro los años vividos.
Celebro lo aprendido a golpes y lo recibido como regalo.
Celebro que estoy aquí. Que sigo. Que me reinvento. Que me levanto.
Y como regalo de mi para ti, quiero darte 3 recordatorios/regalos que vienen desde lo más simple, pero que sostienen la vida cuando la vida se pone cuesta arriba. Espero que te gusten y si funcionan para ti los tengas presentes:
1. Deja de guardar los vestidos.
No sigas esperando a tener “todo resuelto” para celebrar.
Para reír. Para ponerte bonita. Para hacer eso que te mueve.
Porque si no lo haces hoy…
¿cuándo?
No te estoy diciendo que ignores los problemas.
Te estoy diciendo que no le des a tus problemas el poder de robarte la alegría del momento.
A veces, celebrar es también un acto de resistencia.
De fe.
De decirle a la vida: “Aquí estoy. Todavía creo. Todavía brillo. Todavía celebro.”
2. Celebra sin razón.
Sí, a veces hay fiestas grandes… y otras, no.
Pero tú puedes hacer de un café en silencio tu celebración.
De una caminata contigo misma. De una conversación honesta. De una oración.
Celebrar no es hacer ruido.
Es hacer conciencia.
Y cuando te das cuenta de lo mucho que tienes, incluso cuando parece poco…
tu alma se expande.
Y eso es más que suficiente.
3. Agradece como si ya lo hubieras recibido.
Este mes no voy a pedir nada.
Voy a agradecer.
Agradecer a Dios por lo que me dio, por lo que no me dio, y por lo que me quitó.
Por los “no” que eran protección.
Por los vacíos que abrieron espacio para lo nuevo.
Agradecer la vida, incluso cuando ha dolido.
Porque no cambiaría ni una línea de esta historia.
Entonces sí, celebro
Con pastel.
Con vestido bonito (sin guardarlo para después).
Con lágrimas de gratitud.
Con oración en la mañana.
Con una sonrisa cansada, pero llena de propósito.
Y te invito a hacer lo mismo.
No esperes una fecha especial.
Haz del hoy tu motivo.
Haz del ahora tu altar.
Haz de tu historia, celebración.
Porque Dios no se equivocó al dejarte aquí un día más.
Y si hoy estás respirando…
entonces todavía hay promesas por cumplir.
Con amor,
Carmen Victoria
Comment (1)
Que Hermoso Carmen así es a Celebrar y no guardar el vestido, a Agradecer siempre y en todo momento. un gran abrazo en este mes de Nuestro Cumpleaños. Me encanta todo lo que estas haciendo, como nos inspiras.